martes 20 de septiembre de 2011

RELATOS DE INSOMNIO Y ANSIEDAD

EL ULTIMO, EL TANDRILAX Y A LA CAMA


Entre el niño, la princesa, las labores propias de mi sexo y el librito que no sale ni de mi cabeza ni de mis ganas, hoy cierro estos relatos con el resultado de un minuto de jodida locura y rabia...


Para todos esos que me quieren "a su manera"

Soy amigo de la soledad,
soy amigo de los vicios,
soy amigo de la superficialidad,
soy amigo de la corrupción,
soy amigo de la tecnología,
soy amigo del egoísmo,
soy amigo de la compasión,
soy amigo del engaño,
soy amigo de lo ilógico,
soy amigo de la fantasía,
soy amigo de lo irracional,
soy amigo del genocidio,
soy amigo de la “moral”
soy amigo de lo ético,
soy amigo de la destrucción,
soy amigo del canibalismo social,
soy amigo del poder,
soy amigo de las orgias,
soy amigo de las aberraciones,
soy amigo de la tragedia,
soy amigo del holocausto,
soy amigo del sometimiento,
soy amigo de la amante mía,
soy amigo de la misoginia,
soy amigo del oscurantismo,
soy amigo del fetichismo,
soy amigo del “cristianismo”
soy amigo de lo patético,
soy amigo de la pestilencia,
soy amigo del “idealismo”,
soy amigo del fascismo,
soy amigo del hambre,
soy amigo de la miseria,
soy amigo del materialismo,
soy amigo de lo siniestro,
soy amigo del despilfarro,
soy amigo del sufrimiento,
soy amigo de la contaminación,
soy amigo del cataclismo,
soy amigo de la perversión,
soy amigo de la servidumbre,
soy amigo de la venganza,
soy amigo de la conspiración,
soy amigo de lo “inmaterial”
soy amigo de la tortura,
soy amigo de la perfección,
soy amigo de la indigencia,
soy amigo de la locura,
soy amigo de la ridiculez,
soy amigo de la cordura,
soy amigo de la tergiversación,
soy amigo de la ternura,
soy amigo del fracaso,
soy amigo de la envidia,
soy amigo de la hipocresía,
soy amigo de la satisfacción,
soy amigo de la exageración,
soy amigo del temor,
soy amigo de la fortaleza,
soy amigo de la perdición,
soy amigo del sarcasmo,
soy amigo de la desidia,
soy amigo del...

Soy amigo de todas estas cualidades que nos llevan al desastre.
Si es que acaso no te nombrado?, ¡coño amigo no me discutas!
¡En fin soy enemigo de mi mismo!

jueves 7 de abril de 2011

RELATOS DE INSOMNIO Y ANSIEDAD

39.- LA GERENTINHA TRANSFORMADA EN ALDEANA Y EL PRINCIPE

Hace muchos años, Europa no estaba políticamente dividida en países como está ahora; existían pequeños reinos que, constantemente, guerreaban entre sí, sobre todo si eran limítrofes.
Los reinos vecinos de Snowden y Stanfored habían tenido muchos problemas de diversa índole que, felizmente, se solucionaron a tiempo, gracias a un Acuerdo de Amistad y Cooperación, celebrado entre ambos reyes, antes de que la sangre llegara al río.
Los reyes, aparte de solucionar sus problemas, se hicieron entrañables amigos, acariciando en secreto, la idea de un matrimonio entre sus vástagos.
La princesa heredera del trono de Snowden llamada Katherine, era una bellísima joven de piel muy blanca y los ojos y cabellera intensamente negros como su madre, cuya belleza italiana había heredado. La cabellera le llegaba hasta las rodillas, siendo el orgullo de la jovencita.
Cuando empieza esta historia, Katherine tenía veintiún años y un carácter orgulloso e irascible que la hacían el terror de los sufridos sirvientes que la atendían.
George, hijo del rey de Stanfored, era un joven rubio de ojos azules que reflejaban la placidez de su alma, siempre estaba presto a ayudar a sus semejantes y le agradaban la poesía, la música y la danza como también la lectura; adoraba a los animales tanto como Katherine los detestaba.
Mientras él se preparaba para ser un buen gobernante, la orgullosa princesa, vivía cuidando su belleza que era casi lo único que le interesaba; y decimos casi, porque su otra preocupación era encontrar un joven príncipe que se enamorara de ella y la desposara.
Así las cosas, el padre de George da un gran baile en la corte, para celebrar el cumpleaños vigésimo quinto de su hijo; a dicha celebración asisten bellísimas jovencitas entre princesas, condesas, baronesas o simplemente damitas de la corte; pero entre todas ellas brilla con luz propia la bellísima heredera de Snowden, quien al ser presentada al príncipe, causa en éste una impresión tan fuerte que él no puede evitar, porque es su temperamento artístico quien se rinde ante tanta belleza; aún no podemos hablar de amor, que al ser éste, un sentimiento tan elevado requiere, para ser verdadero, de un total conocimiento tanto físico como espiritual, siendo más importante el aspecto espiritual que es imperecedero, al contrario del físico, que es perecible.
Los jóvenes príncipes pasaron una noche muy agradable, bailando y conversando a más y mejor, y cuando se separaron ya eran amigos.
La amistad se convirtió al paso del tiempo en una relación más seria, el príncipe iba frecuentemente a visitar a la bella y es así como se hicieron novios.
Pero cuánto más la trataba, más se iba desilusionando George de Katherine. Es que no compartían nada; ella embebida en su belleza y en sus lujosos atuendos, no quería pasear por los jardines porque el sol podía estropear su piel de alabastro y arruinar la tierra sus primorosos zapatos de fino satén. Al no tener ella tema de conversación, empezaron a aburrirse como ostras cuando estaban juntos y es ese el motivo de que George empezara a espaciar las visitas a su joven novia.
Un día, la madre de George, conocedora de los gustos de la futura esposa de su hijo, le pide a éste que le lleve un par de zapatitos bordados en piedras preciosas que ella había mandado confeccionar a su zapatero especialmente para ella; con el fin de afianzar el noviazgo.
Parte George y al despedirse de su mejor amigo Scott, le hace una confidencia, no ama a Katherine y no sabe que hacer para romper el compromiso con ella. Luego raudo se dirige al encuentro de su destino.
Ya en el reino vecino encontrándose aún lejos del castillo real, a George le atenaza la sed y en plena campiña divisa a lo lejos una aldeana hacia la cual se dirige, para solicitar su ayuda.
Al acercarse a la mujer descubre que es muy joven, casi una niña, y de una belleza serena excepcional. La niña, que no representaba más de quince años, como descubrió más tarde que así era, tiene los ojos y el cabello que lo lleva trenzado y que le cae hasta la cintura, de un color miel muy bonito, es muy linda esta joven aldeana, a cuyos ojos se asoma un alma inocente y pura.
Al manifestar el príncipe que tenía mucha sed, ella diligentemente le ofreció todas las naranjas que llevaba en su canasta de mimbre, a fin de que él se sirviera las que quisiera.
El príncipe le preguntó su nombre, a lo cual ella respondió que se llamaba Solange y él inmediatamente le dio el suyo. Al ignorar ella, que él era un príncipe de sangre azul, espontáneamente entabló una amena y fresca conversación, descubriendo ambos que tenían mucho en común.
Al pasar el tiempo, la amistad se fue consolidando y cuando se veían daban largos paseos por el campo ya que a ambos les agradaba la naturaleza. Por fin descubrieron que se amaban; y el príncipe, le confió lo que aún era un secreto, a su madre pidiéndole un consejo para salir de tan penosa situación. Solange, que todavía ignoraba todo, al escuchar por boca de él, que era el heredero al trono, desapareció, creyendo que él se había burlado de ella; no salía de su casa para evitar encontrarlo.
Por fin el príncipe descubrió su paradero y habló con sus padres a quienes les explicó la verdad de sus sentimientos y ellos que eran honrados y sencillos aldeanos le creyeron e influyeron en Solange para que confiara en sus palabras.
Solucionado el entuerto, George le pidió a su madre que hablara
con el rey, para que comprendiera lo que sentía.
Los padres recibieron a la niña y al conocerla comprendieron a su hijo, pues Solange era una criatura excepcional que merecía su amor. Al enterarse Katherine que había perdido el amor de su novio por una aldeana, según ella "insignificante"; no paró hasta conocerla y al hacerlo comprendió que Solange había, sin quererlo ganado la batalla en buena lid; se hicieron grandes amigas y esto la motivó a que poco a poco fuera cambiando y terminara convertida en una agradable personita digna de ser amada.
George y Solange se casaron en una fastuosa ceremonia que dió mucho que hablar y a la cual asistieron muchos vecinos y parientes venidos de lugares lejanos.
Antes de la ceremonia religiosa, los padres de Solange pidieron hablar en privado con los reyes a los cuales les revelaron el origen de la jovencita: Ellos no eran los verdaderos padres de la bella, simplemente la habían criado ya que la encontraron tan pequeña e indefensa en el bosque.
La reina recordó que a una prima suya, la Condesa de Harrow, le habían robado su bebé hacía trece años aproximadamente.
Haciendo las averiguaciones se comprobó que Solange y la bebé raptada eran la misma persona.
Todos fueron muy felices y con el correr del tiempo George y Solange fueron muy buenos gobernantes adorados por su pueblo; bendiciéndoles Dios con dos hijos un varón y una mujercita.
¿Y la orgullosa Katherine? Fue muy feliz al lado de Scott quien al ver su drástico cambio, la amó tan profundamente como antes había admirado su etérea belleza.
Ambos reinos vivieron en paz y Scott tuvo tres hermosos hijos varones con su adorada Katherine.

lunes 21 de marzo de 2011

RELATOS DE INSOMNIO Y ANSIEDAD

38.- POR NUESTRO ANIVERSARIO. TENGO LA LLAVE, LA HE ENCONTRADO

Un ermitaño perdido en la montaña vivió muchas vueltas de sol y de luna sin novedad ni fortuna. Un día buscando una flor para curar su tristeza encontró una llave que tenía formas de mujer.

El ermitaño siguiendo una nube salió de la montaña hasta llegar a una playa. Vio una isla desde donde partió una barca. Abordo iba una mujer que al llegar a tierra suspiró profundamente, sacándose del pecho una llave que tenía formas de hombre.

Descubrieron que las llaves se parecían a ellos. Nació así el amor. El viento trajo aplausos y una voz tan musical como divina se escuchó:

"En tus manos está la llave de la persona amada".

jueves 17 de marzo de 2011

RELATOS DE INSOMNIO Y ANSIEDAD

37.- ESTAMOS (SEGUIMOS) SENTADOS AQUÍ

Estamos sentados aquí, con la misma idea de que no hay nada que se parezca más a la eternidad que esta aula. Al igual que en el Paraíso, no hay localidades; todas las sillas están ocupadas. Ricardo se sigue entreteniendo tirándole de los moños a Lucinda, aburrido ya de hacer rugir, con el habitual sonido de su garganta ronca, el peinado “motoneta” de Maidelín. Y Félix le pega cocotazos al bobo de Pepe Gutiérrez, sentado justamente delante ; el ‘Tiri” no se inhibe a la hora de cerrar los ojos para extenderse en las largas dormidas que cada uno de nosotros quisiera compartir con él en medio de esta clase aburrida; Fredi “el loco” no deja de hacerles muecas a Amado. Taciturno, Lorenzo Ortiz no ha escuchado nada de la explicación de la profesora. Supongo que recuerda a su última amante, mujer por lo menos doce años mayor que él, como todas las otras que ha tenido, y se deleita con los recuerdos de su gusto por la experiencia adulta en materia amorosa. No hace más que mirar por la ventana, el brazo apoyado en el marco inferior, la mano sobre la frente, los dedos entre los cabellos. Mira y mira, parece querer deshojar aquel árbol, ya deshojado por este otoño tropical; mira, sin saber que lo miran los ojos de Esther, sentada dos sillas más atrás, callada, absorta, enamorada... Iván y Vladímir cuchichean. La fila de la izquierda, encabezada por la portentosa Nadia, se mantiene atenta a la clase, o quizás están a la expectativa, esperando el toque del timbre.

A mi lado está sentada Daniela. Cuánto daría yo porque se levantara Fernanda su saya por encima de la rodilla con la misma gracia que lo hace ella. ¿Por qué el número de la lista me arrojó a sentarme aquí en la fila intermedia del aula, entre estas dos muchachas tan ajenas al aula, tan presentes en mí por los siglos de los siglos?

Sí, estamos sentados aquí, como casi todos los días. Son veinticinco mundos en total, sobre la dura madera de los pupitres, sumidos en la nebulosa de su propio instante. Yo también estoy sentado. Pero mi tiempo es diferente al de los demás: mi tiempo es un instante indeciso. Tengo sobre mis piernas un libro de Dostievsky, y trato de viajar por el universo de sus momentos místicos.

Imagino, ¿o es que lo sé bien? Daniela será la madre de mis hijos; Fernanda me los criará. Malditos mis ojos hechos para ver el destino!

Pero no me los voy a arrancar. Aunque me mientan son simplemente mis ojos. Y ellos han visto las voces de estas dos jóvenes que me flanquean.

No importa que Daniela sea divertida y le gusten las fiestas en casa de Fredi “el loco”. Ella reconoce en mí cualidades que se avienen más con el carácter plácido y soñador de Fernanda, y le agradan esos rasgos míos, los necesita como un sedante. Ellas, las dos, me dicen:”No eres como los demás. Eres intelectual. Eres un ángel”. Sí, yo no soy Fredi “el loco”, no soy Lorenzo Ortiz o la portentosa Nadia. Yo soy simplemente bueno.

Y tengo estos ojos que han escuchado el gemir placentero de Daniela, la más erótica de ellas dos, mientras hacíamos el amor sin que estuviese enamorada, sino impactada, ausente de su tiempo. Y mis ojos están viendo el amor de Fernanda, sumida para siempre en mis instantes, inseparable después del primer encuentro y de la primera palabra. Fernanda sostiene una criatura en sus brazos. Es el hijo de Daniela, es mi hijo. Fernanda adora a ese niño y a su padre, y mira con celo a Nadia cuando visita nuestra casa. Se lo presenta satisfecha a Esther que quisiera tener uno, no igual al mío, sino igual a Lorenzo Ortiz.”¿Dónde está Fredi “el loco”? “Me han dicho que se fue de Brasil”. Fredi “el loco”, con sus arrebatos de júbilo, al fin sin títulos, sin profesores, sin turnos de clase; Pepe Gutiérrez es ingeniero y Félix militar.

Con todo, seguimos sentados aquí.

Se me han desprendido los instantes como las páginas del libro. Es como una angustia que golpea en la paciencia. Pero tengo que esperar.

Cuando observo por la ventana el otoño, es el mismo otoño de hojas caídas sobre mi tiempo. Me decido a mirar las piernas de Daniela. Ella sonríe sutilmente, contemplándome con el rabillo del ojo. Yo también sonrío. Habrá que esperar a que termine el turno para sacarla por completo de su instante particular... Mientras más la escucho, más veo a Fernanda, la ecuánime Fernanda, la diligente Fernanda, con el niño en los brazos. Y entonces me pregunto, ”¿Qué ha sido de ti Daniela?¿Dónde has estado todos estos años?”

miércoles 16 de marzo de 2011

RELATOS DE INSOMNIO Y ANSIEDAD

36.- MAMÁ: EL CIELO ESTÁ SOBRE NOSOTROS?

La amplia plataforma se elevaba constantemente sobre el pilar metálico que tomaba como único eje, eterno en su ascensión hasta perderse entre las distantes nubes grisáceas. Allí, apilados azarosamente por toda su extensión, hallábanse los recursos necesarios para que la mujer y su hijo disfrutasen de una vida sosegada. La mujer cuidaba a su pequeño, prodigándole todo su amor; lo alimentaba, lo aseaba, le cantaba tiernas canciones melódicas para tranquilizarle y facilitar su descanso.

Ella le enseñó a contemplar el milagro de la belleza que esperaba en el lejano cielo sobre sus cabezas y a expandir su imaginación, más allá de las brumas que ocultaban las cumbres del inalcanzable horizonte. Juntos reían cuando pequeñas criaturas voladoras cruzaban las distancias dejando a su paso un halo de minúsculas partículas de colores, que se difuminaban envolviéndolos en un mágico instante de pura fantasía. Por la noche hablaban con su amiga Luna y contaban las caprichosas estrellas una por una, llamándolas por su nombre, jugando a descubrir las figuras que para ellos dibujaban sobre el firmamento con tinta de luz blanca.

En ocasiones, cuando el pequeño dormía cobijado por la noche, la mujer miraba en la única dirección que su hijo desconocía. Miraba hacia abajo, donde, a pesar de la creciente lejanía, podían distinguirse con claridad los círculos de ámbar que eran los ojos de aquella monstruosidad inmensa, oscura, y sus repugnantes fauces siempre abiertas, imperturbable en su infinita paciencia. Entonces la mujer apartaba la vista, secando con el dorso de las manos las lágrimas que corrían por sus mejillas. Nunca dejó escapar el más mínimo sollozo que pudiese perturbar el sueño de su hijo.

Una mañana, la mujer cogió en brazos a su pequeño y, mirándole fijamente a los ojos, le preguntó:

-¿Me quieres, hijo mío?

-Te quiero mucho, mamá –respondió inmediatamente.

-Si de verdad me quieres...¿Harás un pequeño favor que yo te pida?

-Sí, mamá.

-¿Me prometes que nunca mirarás hacia abajo? ¿Me lo prometes, cariño mío?

-Claro que sí, mamá, te lo prometo –y se abrazó a su cuello con fuerza.

El tiempo pasaba lentamente, y las nubes parecían, sólo parecían, estar un poquito más cerca. El pequeño maduraba imperceptiblemente al mismo tiempo que su madre envejecía de igual modo. Mas la alegría siempre se mantuvo resplandeciente por encima de las demás cosas.

Cierto momento, cuando un atardecer teñía con su presencia el perenne azul del cielo, el hijo hizo una pregunta a su madre:

-Mamá...¿Qué hay allá abajo?

-Mi querido hijo, existen preguntas que no pueden ser contestadas; debes confiar en tu madre, que te dio la vida. ¿Recuerdas tu promesa?

-Sí, mamá –y besó sus mejillas.

Llegó un día como otro cualquiera, en que las nubes parecían, sólo parecían, estar al alcance de la mano. Aquel día la mujer se encontraba débil, blancos cabellos enmarcaban su joven rostro cubierto de arrugas, no podía incorporar su cuerpo. Su hijo estaba arrodillado a su lado.

-Hijo mío...¿Me prometes que nunca, nunca mirarás hacia abajo? ¿me lo prometes, cariño? –susurró su voz cansada.

-Sí, madre...

El niño cerró suavemente con su mano aquellos ojos anegados en lágrimas que desconocía, que humedecieron su piel, que sintió como suyas.

martes 15 de marzo de 2011

RELATOS DE INSOMNIO Y ANSIEDAD

35.- DANIELA

“No se cuantas veces…, pero aún no me canso de escribirlo”… ¡No me gusta!
¡Esa niña no me gusta! ¡No te conviene!
¡No es de tu clase social!
¡Hasta cuando tengo que decírtelo!

¡Me tienes hasta la coronilla! ¡Dios mío, no aguanto éstos dolores! Terminarás acabando una tumba a tu madre. ¡Sólo entonces, estarás feliz!... Carlos enmudeció, aquellas palabras lo habían torturado demasiado, se quedó sentado impetrando poder estar a solas en su pieza sin prender la luz. Ya estaba maduro, y lo era más para su edad. Sólo le faltaba una semana para finalizar sus estudios, y de continuar éstas controversias que lo distanciaban tanto con su madre, acabaría con el tiempo alejándose para siempre.

Sus hermanos le habían enseñado todo con respecto al sexo débil. Las cartas de amor que éste le escribía en el recreo, eran su pasaporte a la felicidad con ella, impregnadas de imaginación, de anhelo en sus palabras, de desabrimiento por lo azorado de su romance provocado por el desdén de su madre. En las tardes la esperaba, conocía perfectamente las cortinas descoloridas de la sala de clases donde ella también miraba para observar si Carlos había llegado. La sonoridad del timbre, lo rebosaba de contento, y mientras esquivaba igual que una estampida de toros a las alumnas de otros cursos, su mirada se fijó en una adolescente de pelo liso y nariz pequeña, ojos redondos de color castaño, mejillas rojizas y estatura medi. A medida que ella se acercaba, sentía ansioso el corazón por tenerla entre sus brazos, besarla con afición, y evitar a toda costa que un momento así culminara por la aprensión de tener que llegar temprano a casa.

¡Hola, te vi desde arriba!, le dijo, dándole un beso.
¡Yo también!-
¡Yo también que!... -¡Yo también te amo!, le respondió. -¿Irás almorzar a mi casa?, le preguntó. -No estoy seguro-¿Y tú, te irías conmigo? ¿Si, pero…? No la dejó hablar, cerró su boca de niña, con un gran beso abrazándola contra su pecho. ¡Se me quitó el hambre! ¡A mí también le dijo!- Se quedaron abrazados por largo rato mirándose, mientras el acariciaba su pelo hacia atrás. ¿Te gusta el sur?, le preguntó. ¿El sur?, exclamó intrigada. –No importa donde me quieras llevar, le dijo con aire de enamorada, contigo iría hasta el fin del mundo. Entonces juntémonos en el terminal ésta noche, el paisaje te va encantar y seremos felices.

Se despidió, y caminó lleno de dicha hacia su casa nombrándola por el camino. Daniela en el terminal permaneció sentada con su bolso esperando algún día conocer Saint Petesburg.

miércoles 9 de marzo de 2011

RELATOS DE INSOMNIO Y ANSIEDAD

34.- EN SILENCIO...

En silencio te encuentro, pero no veo tu rostro ni sé tu nombre.

En silencio cuento contigo y me motivas a escribir porque eres pura, porque escribir es la expresión más pura del pensamiento, escribir es todo, como tú.

Escribir eres tú en silencio.